sábado 2 de julio de 2011

Los desnortados

Hay profesores de educación secundaria que aguantan sanos durante todo el curso y cuando llega el final, enferman. Del fondo de los abismos el individuo va subiendo hacia la superficie de lo que era su vida “antes de”; se produce entonces una especie de descompresión que, a algunos les produce un ligero dolor de cabeza que dura varios días o un zumbido que se sitúa en la antesala del pensamiento.
Hay también empleados públicos o privados que trabajan mucho y desearían trabajar menos, y hay quien está en el paro y se pone enfermo porque le gustaría ejercer el oficio o profesión para el cual se ha formado: se está bien en casa, pero todo en su justa medida.
A finales de los años noventa recorría las calles del centro histórico de la ciudad, casi de madrugada. Tenía un compañero de facultad al cual le gustaba gritar en mitad de la noche, citando a Goethe: “que cada cual sea griego a su manera, pero que lo sea”. Hoy, esa sentencia noctámbula y pendenciera ha adquirido unos matices insospechados en aquella época. Creo que, involuntaria y trágicamente todos vamos a ser griegos a nuestra manera.

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