
Se habla estos días de la conveniencia o no de que en las salas de cine se vean más (se escuchen) películas en versión original subtitulada. Quizás a alguien le parecerá pedante el leer que los únicos largometrajes que veo en español son los que tienen esa nacionalidad y que, poco a poco, van cerrando cines con nombres tan sugerentes como Albatros (quién sabe si el fundador no pensó en aquel maravilloso poema de Baudelaire para llamarlos así) o los UGC Cinecité. Creí que esos espacios me sobrevivirían y pobre de mí, he sido yo el que ha tenido que buscar una alternativa para las sesiones dobles o incluso triples.
La VO. simplemente me acerca a la verdad en el arte, en este caso del cine, y jamás renunciaré a escuchar a Anita Ekberg exclamar: “Marcello, come here!”. Tampoco he renunciado a hablar con mis amigos en la lengua de Joanot Martorell: no los quiero traducidos, prefiero expresarme en uno de mis posibles yo para acercarme un poco más a su VO. y saber así que es lo que piensa el otro.
Mi madre me dirá que la deje en paz con estas reflexiones y que para un rato que tiene para sentarse a ver una película no se lo va a pasar leyendo.
La VO. simplemente me acerca a la verdad en el arte, en este caso del cine, y jamás renunciaré a escuchar a Anita Ekberg exclamar: “Marcello, come here!”. Tampoco he renunciado a hablar con mis amigos en la lengua de Joanot Martorell: no los quiero traducidos, prefiero expresarme en uno de mis posibles yo para acercarme un poco más a su VO. y saber así que es lo que piensa el otro.
Mi madre me dirá que la deje en paz con estas reflexiones y que para un rato que tiene para sentarse a ver una película no se lo va a pasar leyendo.
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