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miércoles, 20 de diciembre de 2023

Gamma Velorum

     Gamma Velorum o Suhail al-Muhlif es la estrella más brillante de la constelación de Vela. Entre finales de invierno y el inicio de la primavera se alza sobre el horizonte apenas unas tres o cuatro horas en torno a la medianoche. Su órbita es tan baja que si la miramos con unos prismáticos, veremos debajo de ella las terrazas de los edificios y las antenas que nos ocultan la línea natural del horizonte. Confieso que me gusta observarla porque en cierta medida me acerca al hemisferio sur. Y al ser tan fugaz su visión desde mi latitud le da un toque de belleza inalcanzable.

    Hoy en Ísafjörður, al norte de Islandia, el sol sale a las 12:09 h y se pone a las 14:51 h. Es visible tan solo dos horas y cuarenta y dos minutos. Quizás si el día es despejado los habitantes de la ciudad se sienten tranquilamente a contemplar su breve paseo por los cielos del norte, que a partir del solsticio del viernes será poco a poco más largo.

sábado, 22 de junio de 2019

Expedición hacia el interior

    Decía Jacques Lacan que la peor lengua para realizar el psicoanálisis era el inglés. Hoy en día esa afirmación puede sonar a tantas otras que el siglo XX produjo de forma gratuita.
    Las Erinias eran unas deidades de la antigua Grecia que perseguían especialmente a los que cometían un crimen en el seno de la familia: castigaron con la esquizofrenia y el insomnio a Orestes cuando mató a su madre, Clitemnestra.
     El adjetivo que más se usa para Ulises, el héroe de la Odisea, es talasífronos; literalmente el que tiene entendimiento o mantiene la calma cuando padece.
     Voy a permitirme contradecir a Lacan: James Joyce realizó con la escritura del Ulises un profundo psicoanálisis, no solo personal sino también del hombre contemporáneo, previo a la época de internet (pues los matices de nuestra interioridad han mutado con las nuevas tecnologías, ya no somos los mismos sujetos que los de antaño).
     Siguiendo el hilo del médico psiquiatra, si algún día pudiera elegir una lengua para adentrarme en el psicoanálisis, elegiría sin duda el griego clásico.
    Cuando en el cielo azul del verano, tumbado sobre la arena de la playa, veo las líneas blancas que los aviones dejan en el aire, me gustan las que sugieren la letra alfa. Pienso entonces en la palabra anábasis, que significa “subida, ascensión, expedición hacia el interior”: ¿De dónde?, ¿Del territorio o de uno mismo?, ¿De un lugar real o de uno figurado?
     Y así me inicio en el viaje interior que, como muchos saben, es el único en el que vale la pena aventurarse.

jueves, 12 de julio de 2018

Precio irrisorio

    En Rai Radio 3 escucho un programa que se llama Fahrenheit, sin duda en referencia a la novela distópica de Ray Bradbury Fahrenheit 451, que algunos años después François Truffaut llevaría al cine.
    El programa comienza hacia las tres de la tarde y habla sobre libros y todo lo que pueda estar relacionado con ellos: hay oyentes que buscan libros descatalogados que, otros oyentes que ya no los necesitan, regalan de manera altruista. Hay también un concurso en que, a partir de un pequeño fragmento se debe adivinar el título de la obra. Confieso que ha habido ocasiones en que lo he acertado.
    No hace muchos días uno de los programas trataba de cómo está cambiando la lengua italiana. Entre la lista de palabras que algunos oyentes señalaban en desuso, apareció “irrisorio”.
    Aunque la temperatura a la que arde el papel sea precisamente a 451 grados Fahrenheit, el hilo de la memoria recorre unos caminos que, a priori, no están trazados en ningún sitio: esquiva el fuego y todo tipo de inconvenientes materiales.
    De repente, me trasladé a agosto de 1998, al hall del Hotel Angloamericano, muy cerca de la plaza del Tritone, en Roma. Una tarde soleada llena de expectativas.
    ¿Fue quizás aquel recepcionista que nos indicaba el precio de las entradas para un concierto de piano junto al teatro di Marcello, uno de los pocos que, ya por aquel entonces, utilizaba aquel adjetivo olvidado hoy por los hablantes?
    Y es así como las palabras y los libros te llevan de un sitio a otro sin aparente motivo; yo ahora pienso, por ejemplo, en un cuento de Borges llamado Funes el memorioso o en la madeleine de Proust. El programa ha cumplido su objetivo, mucho más incluso de lo inicialmente planeado, estoy seguro.

viernes, 19 de enero de 2018

Comienzo en Elsinor

     La experiencia viajera tiene tres momentos esenciales: el primero cuando surge la expectativa, el proyecto, el nombre de la ciudad o del lugar que se quiere visitar. El segundo llega cuando esas especulaciones pasadas afrontan la aventura real de recorrer los sitios antes tan solo intuidos. Y el tercero es cuando se recuerda, el cual ya nada tendrá que ver con los dos pasos precedentes.
    Es por ello que me recreo en el profundo invierno nórdico y pienso en el castillo de Kronborg, en Elsinor, donde Shakespeare situó al dubitativo Hamlet.
    Es ahora cuando frente a las espaciosas estancias soplará el viento del norte y el mar embravecido por la tormenta golpeará contra el muelle cercano, y los relámpagos agrandaran las sombras en los salones reales.
    Deambulando por aquellos largos corredores o subido frente a la torre más alta, prometí entonces, en la luminosa mañana de verano, que en mi templado invierno tendría un recuerdo para el príncipe danés.
    Y es justo que así sea porque todos somos, a veces, un poco como él.

viernes, 11 de noviembre de 2016

Rüya y Marianne

    ¿Puede realmente pedirte un libro que lo leas? Esa es la sensación que me queda cuando a principios de otoño no pude sino retirar suavemente de la estantería El libro negro de Pamuk, sostenerlo entre las manos, ponerme las gafas, sentarme en el sillón y empezar a deambular por las calles de Estambul, que tantas coincidencias sugiere con respecto a mi ciudad natal y que, una vez más, me plantea la cuestión de esta identidad europea que tan sumisamente hemos adquirido.
    El protagonista busca sin éxito durante toda la novela a Rüya, su amada prima que un día de la lejana adolescencia llegó desde el Magreb a Estambul y hace apenas unas horas se ha marchado de casa inesperadamente.
    Estambul y las luminosas islas del Egeo parecen confundirse ahora. Hace pocos días escuché a ese poeta, ajado por los años, que afirmaba que se encontraba dispuesto para la partida, para reunirse por fin con su musa, con esa imagen de la juventud tantas veces evocada.
    Quizás el libro me preparaba para la fría mañana de hoy en que, escuchando So long Marianne a bordo de un autobús que cruza el puente de Gálata, comprendiera que Rüya y Marianne son, en definitiva, la misma mujer.

miércoles, 13 de abril de 2016

Libros y estrellas


"El sol que reinó sobre mi infancia me privó de todo resentimiento".
Albert Camus
      Es bonito regresar después de mucho tiempo, cuando ni siquiera el perro del anciano te reconoce. Moverte por las viejas calles como un extranjero, libre de cualquier mirada que te pudiera relacionar con el lugar en que naciste.
      En aquel destartalado pueblo junto al mar era difícil conseguir ese libro por el que sentías curiosidad, quizás escuchado en algún programa de radio o aconsejado por un profesor. La librera era una mujer desaliñada que apuntaba de mala gana las referencias; y el encargo, o no llegaba nunca, o tardaba tanto en llegar que cuando lo tenías entre tus manos ya habías perdido el enamoramiento del primer anhelo.
      Cada vez que en los últimos tiempos visito ese pueblo arrasado por el cemento al que alguien robó la belleza y algo más, me emociona entrar en la suntuosa librería que una franquicia de ámbito nacional ha instalado. Dependientes con uniforme informal, suelo enmoquetado, luz tenue y cálida en cada estantería dividida por temas. Me asombra ver tan cerca de donde habitaba aquella desaliñada mujer, libros de la cuidada editorial El Acantilado, toda la nueva y colorida colección de bolsillo de Alianza Editorial, la solemnidad del negro de Cátedra, las novedades de Alfaguara... En el apartado de papelería, libretas para tomar notas con motivos árabes.
      La imaginación se toma la revancha y pienso en la edad que tendría si no tuviera los años que realmente tengo y no hubiera visto las cosas que he visto. Es entonces cuando me veo otra vez como estudiante de instituto y puedo elegir el libro que me da la gana sin darle explicaciones a nadie. Recorro maravillado los estantes y anoto en esa preciosa libreta todas las novelas o poesías que leeré en esas fantásticas noches de verano, en esa especie de buhardilla que daba a una terraza desde la que se veían todas las estrellas.
     



viernes, 24 de abril de 2015

El astronauta perfecto

     Por muchas veces que uno vea 2001 una odisea en el espacio o la repase mentalmente, no dejará de sorprenderse de las interpretaciones que de ella pueden surgir. ¿Acaso el hombre que reposa en esa luminosa habitación de estilo rococó y del que se supone son sus últimos instantes antes de renacer en un saco amniótico que gira alrededor de la Tierra, no fuera una recreación poética, una profecía quizás del tránsito a la eternidad del primer hombre que pisó la luna?




viernes, 6 de diciembre de 2013

¿Por qué cosas vale la pena vivir?

Lo escuché en un programa de radio poco antes de dormirme, quizás para invitar al sueño a que viniera a hacerme compañía.
El locutor evocaba las tardes de invierno, ya oscuras, en la ciudad de Perugia regresando a casa (probablemente de la escuela) rodeado por una espesa niebla. Era entonces cuando le llegaba el olor que salía de las chimeneas; teorizaba sobre el tipo de árbol del que provendría la leña, evocaba a las personas que habría frente al fuego, si estarían asando salchichas, por ejemplo. Era agradable escuchar esa voz casi anciana rememorando al niño que un día fue.
A continuación pasó a preguntar a los oyentes motivos concretos por los que valía la pena vivir: cabalgar entre la niebla (otra vez símbolo de felicidad) por la llanura padana. Fumarse un cigarrillo después de la cena mientras te sumerges en un sudoku...
El resto de cosas que dijeron ya no las recuerdo, estaba realmente cansado y creo que me quedé dormido.

miércoles, 28 de agosto de 2013

Emoción

       No sé si será bueno que me siga sorprendiendo por frases que otros ya conocían desde hace tiempo. Como dije para otra ocasión en que alguien recriminó mis dudas, tan sólo puedo responder: “será quizás un signo de juventud”.  
    Una mañana más escucho la radio, que es casi mi única fuente de información. Al igual que para los antiguos la transmisión oral es la que hace la leyenda, la que crea el mito y provoca que en el rostro del conductor atribulado despunte un gesto de sorpresa o de emoción. 
    Citaban a Sócrates, curiosamente no al filósofo, que hubiera sido lo normal, sino a un futbolista que se llamaba como el sabio griego. Aquel deportista que encantó a los niños en el verano del 82, afirmó mucho antes de morir: “No jugamos al fútbol para ganar, sino para que se acuerden de nosotros.”

 

 

domingo, 4 de agosto de 2013

Profano

Al igual que con un ser humano, sorprende descubrir el aspecto desconocido de una palabra: rasgos de una personalidad que nos habían pasado desapercibidos. Alguien que un día determinado nos sorprendió con una actitud jamás vista hasta ese momento. Y nos alegró o nos decepcionó. Es así que supe hace poco que la palabra profanum significó “el que está delante o permanece fuera del templo”. De fanum viene fanático y fanatismo.
Mientras tiendo la ropa en la terraza en esta amable mañana de marzo y una gaviota pasa sobre mi cabeza, me dejo llevar por su vuelo y por las sugerencias que la etimología ha hecho nacer en mí, intento permanecer delante del templo. Haber estado o haber sido (si se me permite la expresión), ante el templo de la Concordia cerca de la ciudad de Agrigento, por ejemplo. Esa es la magnífica pose a la que  aspiro, bajo un sol de verano, con los vencejos revoloteando por encima de las columnas medio derruidas, como símbolos de una clarividencia que quizás antaño nos abandonó pero que sin duda ha de volver.

martes, 30 de julio de 2013

Argos

     Desde la terraza del cine de verano veo ya las habituales estrellas que acompañarán mi insomnio. Astros apenas incipientes sobre la línea del horizonte a los que, muy a mi pesar, sorprenderé en su ocaso. Estoy cansado, exhausto tal vez, pero sé que no dormiré. Como Argos Panoptes, el gigante de mil ojos, recuerdo otras noches lejanas: en las termas de Caracalla, a las afueras de Roma o en la Arena de Verona. Debería recrearlas y como buen insomne escribir sobre el tiempo en que dormía y las habitaciones en que me despertaba, pero ni eso me permiten los mil ojos que todo lo escrutan.

viernes, 26 de abril de 2013

En el camino

      Asuntos en apariencia banales pueden no serlo para quien realmente tiene ganas de conversar, de hablar sobre lo que sea, de desentrañar la esencia del mundo a partir, por ejemplo, del nombre de una hamburguesa: Samuel L Jackson y John Travolta en una antológica escena de Pulp Ficition discuten sobre el cuarto de libra de McDonald’s que en París se llama Royal Cheese. Esas pequeñas diferencias entre los Estados Unidos y Europa fastidiaban a los dos asesinos sofistas.
      El centro del mundo puede estar en cualquier lugar y desde la magdalena de Proust raro es quien no ha experimentado esta sensación de formas muy diferentes.
      El sábado pasado me vi obligado a cenar en un McDonald’s, en el entorno de un maravilloso centro comercial, donde comprendí que mucha gente pueda sentirse feliz. La chica que estaba detrás del mostrador era más bien bajita y llevaba unas gafas que bajo la gorra con visera le daban cierto aire intelectual.
     Hacía años que no entraba en la cadena de restaurantes de comida rápida. Quise hacerme el listo y pregunté si todavía cocinaban las patatas extra de luxe. En seguida me di cuenta de la exageración y recordé que eran simplemente “de luxe”: sí, por supuesto que las hacían. Pedí varios menús con tal rapidez y destreza que  casi no me reconocí.
     Cuando pude sentarme y unté las patatas fritas en la tarrina de salsa, me vi diez años atrás, frente a la nacional 340 a su paso por Vinaroz, un viernes a mediodía mientras soplaba el viento del sudeste; el que viene de Peñíscola y hace que las tardes de verano sean en aquella zona más llevaderas. Terminaba mi semana laboral y regresaba por fin a casa, pero como en el poema de Cavafis en el fondo pedía que el camino fuera largo, mientras miraba a través de los amplios ventanales los camiones que cruzaban la línea del horizonte hacia Barcelona o Valencia.
 
"- Y la whopper, ¿cómo la llaman en París?
- No lo sé. Nunca he estado en un Burger King."
(fragmento de diálogo de Pulp Fiction)



 

miércoles, 3 de abril de 2013

Nadir

             Cuando está nublado o hace mucho frío y no me apetece subir hasta la azotea, extiendo el brazo y cojo el móvil que, olvidado, reposa sobre cualquier superficie amueblada de la estancia. Aparece entonces un bonito icono con el nombre de google sky maps sobre una luminosa pantalla. 
    Lo toco con el pulgar derecho, como si este fuera una extensión de mi cerebro, y dirijo entonces el artilugio hacia las alturas. Por un instante se queda a oscuras, pero apenas pasados unos segundos comienzan a aparecer sobre el pequeño rectángulo rutilantes puntitos con un nombre debajo que indica las estrellas, constelaciones y planetas que en ese momento hay en el cielo. 
    Dirijo el teléfono hacia el oeste por ejemplo, y allí está la bola anaranjada de Marte, casi sobre la línea del horizonte, y me digo: “un día tendrás que salir a un lugar despejado con los prismáticos colgados al cuello para verlo de verdad, esto no puede seguir así”. 
    Continúo hacia el este, y voy orientándolo hacia abajo hasta que con mayúsculas se lee "NADIR". Curiosamente ocurre que cuando llego al punto opuesto al cenit doy un respingo y aparto mi mirada de él.
Y divago entonces con la pregunta de si no seré yo un ser supersticioso, educado en los viejos libros impresos del siglo XX o en antiguas lecturas del  poema de Dante, extrañado y desconfiado ante estos omniscientes, prometeicos iconos que consiguen mostrarnos lo que no podemos ver.