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domingo, 15 de diciembre de 2024

Saulo

    Saulo es ciudadano romano, pero conoce las sutilezas de la lengua griega, también del arameo. La barbarie institucionalizada campa a sus anchas en todo el territorio del Imperio; y su agudeza judía se rebela contra ella.

    Si fue un ataque de epilepsia o no, lo que sufrió camino de Damasco, poco le importa a Paulo (pequeño, reducido) cuando en la noche siria, recuperada la visión, contempla de nuevo el cielo estrellado. Comprende entonces, hastiado de tanta masacre en el Coliseo, que las voces que oyó son un clamor popular y que él debe cambiar para que el mundo cambie.

sábado, 21 de marzo de 2015

Al revés

     Al final venció la frase de Des Esseintes, protagonista de la novela Al revés: “¿por qué ponerse en marcha, cuando uno puede viajar tan ricamente sentado en una silla?".
     Acababa de recibir el último libro cuidadosamente empaquetado por los magos de Amazon. Las previsiones del tiempo eran nefastas. Me asaltó un antiguo arrebato y anulé inmediatamente la reserva de hotel que había hecho por internet. No me costó más de un minuto. Sustituiría la rutina habitual por una lectura intensa y largos paseos en horas crepusculares. Surgió sin embargo una pequeña dificultad a la hora de anular el billete de avión. El teléfono siempre comunicaba e internet daba continuos errores. Pensé que tampoco valía la pena molestarse mucho, pues el precio de la reserva había sido irrisorio.
      

jueves, 5 de febrero de 2015

Vencido por el tiempo

     La imagen de aquel empleado le acudía como algo recurrente, quizás por el hecho de que de niños hubieran jugado juntos y tuvieran cierto parecido físico. Siempre delante de aquella máquina comprobando que el resultado fuera el correcto. Eternamente en su puesto. Después de tanto tiempo transcurrido con algún saludo de cortesía y breve conversación, lo tenía allí, delante de él: su conducta no estaba contribuyendo al buen funcionamiento de las cosas. Se le iba a reducir la jornada laboral si persistía en su actitud.
     No hubo ni replica ni enfados ni gritos. Lo vio vencido. Adulto y ajado por el tiempo y por la circunstancias. De todos los papeles que le había tocado interpretar en la vida, sin duda el más odioso era este. Pasó la segunda tarde del año sentado en una mecedora, mirando hacia un horizonte que en otro tiempo anhelara.

sábado, 5 de julio de 2014

El fantasma que persiguió a Cavendish

     Para muchos Mark Cavendish es el mejor velocista de su generación. La mañana del sábado 5 de julio, el primer día del Tour de Francia, el ciclista declaró a France Info que le hacía una ilusión tremenda ganar la etapa en Harrogate, pues allí había pasado muchos veranos de la infancia junto a su abuela. Por la tarde, escuché en directo la llegada: el corredor, presa de la ansiedad en el sprint final, se abalanzó involutariamente sobre un compañero y cayeron los dos de mala manera.
     Con la brisa fresca y el mar en calma las cosas se ven de una manera, pero cuando el sol ha cruzado el meridiano, la razón y los sentidos no responden de la misma forma. Marcel, el narrador de En busca del tiempo perdido, a su regreso al gran hotel de  Balbec, frente a la costa normanda, también se ve perseguido por la imagen de su querida y  definitivamente ausente abuela.
     Quién sabe el fantasma que persiguió Cavendish pocos metros antes de la meta.
 

sábado, 28 de septiembre de 2013

El corredor


Aunque fuese domingo por la tarde, y el domingo ya se sabe, se está como de guardia, a la espera de lo que deparará el terrible lunes; salió a correr un rato. El sol se aproximaba a las terrazas de los edificios. Como siempre, llegó hasta la señal de tráfico de costumbre, le dio una palmada y regresó sobre sus pasos. A la ida se lo había cruzado, y ahora, de regreso, volvió a ver al crío que ya no tenía edad para ir en carrito; demasiado ancho. Apenas si distinguió un bonito corte de pelo, bien peinado por su madre con la raya a un lado. Debía de ser un niño guapo. Una criatura que miraba hacia el mismo horizonte que el corredor: campos y huertos y más a lo lejos, la carretera y la ciudad.
El deportista siguió su camino y dejó atrás al niño con la raya al lado. Y un cansancio infinito le sobrevino por un segundo. Creyó que se detendría, que se pararía allí mismo y que no podría correr nunca más. Pero sin saber por qué, continuó con su carrera, completó el recorrido, se duchó y cenó. Y poco antes de la medianoche sostuvo en sus brazos a otro niño al que le mostró sobre el horizonte la triste luna menguante del recién estrenado otoño.

 

viernes, 19 de abril de 2013

Halcón peregrino

     Ante el juez que me condene por necio o descuidado no podré esgrimir la defensa de que no lo vi venir: su vuelo perfecto se anteponía desde hacía varias semanas a la espigada silueta del Hilton, mientras rasgaba con una amenaza el luminoso horizonte del inicio de año.
      Seguro de que al final vencería no se inmutaba ante mis palmadas o aspavientos, impertérrito en la cornisa vecina. Llegó con un plan asesino desde las montañas colindantes, al norte de Valencia. Nunca creí que lo hiciera.
      La terraza llena de plumas amarillas y en la jaula la cabecita de un canario, dan cuenta de su salvaje festín, ave inclasificable y despiadada.
 

viernes, 15 de marzo de 2013

¿Por qué se siente más frío antes del amanecer?

     La velada transcurrida a la luz anaranjada de un farolillo fue cálida, llena de conversaciones y de reencuentros. El mar te trajo el sonido de las olas rompiendo contra la orilla. Sentiste toda la calidez del verano hasta que, fatigado, te tumbaste en la cama sin ni siquiera despegar la sábana para cubrirte. 
    Ninguna sombra oscureció tus pensamientos y todo fue quizás un poco como antaño. Pero poco antes de despuntar el alba, cuando Júpiter y Venus se encontraban a media altura sobre el horizonte, lo que en un principio pareció brisa se convirtió en un viento agitado y prolongado que osó mover las cortinas, acelerando tu corazón y haciendo que tus pies sintieran frío. 
    Fue curioso percibir, en la plenitud del verano, las amenazas del otoño cuando no el desasosiego que te provocarían los madrugones del invierno. Incomodado, tuviste que adoptar la pose de un gimnasta y arquear tu cuerpo para levantar la sábana que horas antes, despreocupadamente, habías dejado intacta.