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viernes, 11 de noviembre de 2016

Rüya y Marianne

    ¿Puede realmente pedirte un libro que lo leas? Esa es la sensación que me queda cuando a principios de otoño no pude sino retirar suavemente de la estantería El libro negro de Pamuk, sostenerlo entre las manos, ponerme las gafas, sentarme en el sillón y empezar a deambular por las calles de Estambul, que tantas coincidencias sugiere con respecto a mi ciudad natal y que, una vez más, me plantea la cuestión de esta identidad europea que tan sumisamente hemos adquirido.
    El protagonista busca sin éxito durante toda la novela a Rüya, su amada prima que un día de la lejana adolescencia llegó desde el Magreb a Estambul y hace apenas unas horas se ha marchado de casa inesperadamente.
    Estambul y las luminosas islas del Egeo parecen confundirse ahora. Hace pocos días escuché a ese poeta, ajado por los años, que afirmaba que se encontraba dispuesto para la partida, para reunirse por fin con su musa, con esa imagen de la juventud tantas veces evocada.
    Quizás el libro me preparaba para la fría mañana de hoy en que, escuchando So long Marianne a bordo de un autobús que cruza el puente de Gálata, comprendiera que Rüya y Marianne son, en definitiva, la misma mujer.

miércoles, 13 de abril de 2016

Libros y estrellas


"El sol que reinó sobre mi infancia me privó de todo resentimiento".
Albert Camus
      Es bonito regresar después de mucho tiempo, cuando ni siquiera el perro del anciano te reconoce. Moverte por las viejas calles como un extranjero, libre de cualquier mirada que te pudiera relacionar con el lugar en que naciste.
      En aquel destartalado pueblo junto al mar era difícil conseguir ese libro por el que sentías curiosidad, quizás escuchado en algún programa de radio o aconsejado por un profesor. La librera era una mujer desaliñada que apuntaba de mala gana las referencias; y el encargo, o no llegaba nunca, o tardaba tanto en llegar que cuando lo tenías entre tus manos ya habías perdido el enamoramiento del primer anhelo.
      Cada vez que en los últimos tiempos visito ese pueblo arrasado por el cemento al que alguien robó la belleza y algo más, me emociona entrar en la suntuosa librería que una franquicia de ámbito nacional ha instalado. Dependientes con uniforme informal, suelo enmoquetado, luz tenue y cálida en cada estantería dividida por temas. Me asombra ver tan cerca de donde habitaba aquella desaliñada mujer, libros de la cuidada editorial El Acantilado, toda la nueva y colorida colección de bolsillo de Alianza Editorial, la solemnidad del negro de Cátedra, las novedades de Alfaguara... En el apartado de papelería, libretas para tomar notas con motivos árabes.
      La imaginación se toma la revancha y pienso en la edad que tendría si no tuviera los años que realmente tengo y no hubiera visto las cosas que he visto. Es entonces cuando me veo otra vez como estudiante de instituto y puedo elegir el libro que me da la gana sin darle explicaciones a nadie. Recorro maravillado los estantes y anoto en esa preciosa libreta todas las novelas o poesías que leeré en esas fantásticas noches de verano, en esa especie de buhardilla que daba a una terraza desde la que se veían todas las estrellas.
     



sábado, 21 de marzo de 2015

Al revés

     Al final venció la frase de Des Esseintes, protagonista de la novela Al revés: “¿por qué ponerse en marcha, cuando uno puede viajar tan ricamente sentado en una silla?".
     Acababa de recibir el último libro cuidadosamente empaquetado por los magos de Amazon. Las previsiones del tiempo eran nefastas. Me asaltó un antiguo arrebato y anulé inmediatamente la reserva de hotel que había hecho por internet. No me costó más de un minuto. Sustituiría la rutina habitual por una lectura intensa y largos paseos en horas crepusculares. Surgió sin embargo una pequeña dificultad a la hora de anular el billete de avión. El teléfono siempre comunicaba e internet daba continuos errores. Pensé que tampoco valía la pena molestarse mucho, pues el precio de la reserva había sido irrisorio.
      

sábado, 23 de marzo de 2013

Turkish airlines

     Si soy puntual o metódico, cada mañana el mismo mensaje publicitario que da la radio me acompaña justamente en idéntico tramo del camino. Cuando la gran ciudad va quedando atrás una suave voz femenina canta en inglés: me quedo con “lovely” y la imaginación recrea un patio lleno de naranjos y una bailarina agita una pandereta, mientras cae una suave lluvia de pétalos de rosa. 
    Ya se puede viajar sin escalas desde Valencia a Estambul. 
    Y me veo en ese hipotético día en que me dirijo a la agencia de viajes para contratar el vuelo y el hotel; o quizás a la luz de una amable lámpara haciendo la reserva por internet con la tarjeta de crédito preparada encima de la mesa; y desde la ventana del hotel contemplo el gran templo de Santa Sofía y el Bósforo. Asia y Europa en una mirada. Y en quién me acompañará en ese viaje. 
    Pero un coche se cruza para abandonar la autovía en la siguiente salida, me hace frenar e imagino las tres luces rojas de mi vehículo vistas desde atrás. Un ligero fastidio me habla de que habrá muchos inconvenientes para volar a Estambul, que la indolencia me vencerá y que ni siquiera iré a renovar mi pasaporte, y quizás nunca contemplaré las aguas del Bósforo desde la habitación del Four Seasons Istanbul.